El señor de los bigotes

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El señor de los bigotes

Hay veces que de repente entiendes cómo algo, que parecía muy poco importante, casi anecdótico, de hecho ha dejado una huella profunda en tu vida.

Me pasó hace pocos días. Estaba con un consultor, hablando de algo relacionado con técnicas de ventas y me salió la proverbial expresión “vendedor de enciclopedias”, para indicar a alguien que te enchufa productos que igual nunca comprarías. Y fue como de repente caer por el hoyo del conejo. Volvieron a mi mente imágenes de un señor con bigotes enormes, una americana de cuadros y un viejo maletín de cuero marrón. Ese hombre lo vi cada mes, una vez al mes a lo largo de diez años. Desde cuando cumplí mis seis añitos hasta los dieciséis. Cuando empecé la primaria, le vendió a mis padres un juego de libros. Le ayudarán en su camino escolar, dijo. Le estimularán y crecerá más inteligente. Mis padres soñaron y compraron. A plazos. Cada mes, venía el hombre a nuestra casa para recaudar. Mis padres le ofrecían un café. Él preguntaba por los progresos escolares míos y de mi hermano. Seguro que hablarían de política, eso es inevitable. Y cuando acababan los plazos de los libros que mis padres habían comprado, les vendía otros. A mis ocho años, nos vendió la Enciclopedia Universale (en italiano). Era roja, doce volúmenes más dos. A los 11 años hubo el salto: Enciclopedia Europea. Era gris. Se la ha quedado mi hermano, junto con la Enciclopedia del Arte, doce volúmenes de fina elegancia con ilustraciones de alta calidad. Yo me quedé la enciclopedia de la filosofía, De Ludovico Geymonat y la de la literatura italiana.

Todos esos libros y todos los boletos que el señor de los bigotes le cobró a mis padres, han tenido un lugar céntrico en mi vida. Ese señor, entre un boleto y otro, enseñó a mis padres, poco cultos, que podrían crear las condiciones para un futuro mejor para mi y para mi hermano. Y así tuvo un papel que hoy reconozco ser fundamental en mi historia personal. Era un vendedor de enciclopedias y no recuerdo su nombre. Me gustaría poder encontrarlo, abrazarlo y darle las gracias por haber enchufado tantos libros a mis padres.

Una lección para el brand manager

El señor de los bigotes tiene una lección para el brand manager de hoy. Ese hombre cogió a mis padres por las manos y les enseñó un futuro posible. Les propuso un sueño y les ofreció un camino para recorrer. Les dio las herramientas y el soporte emocional para recorrer el camino y cuando mis padres dudaron, él, con paciencia y algo de firmeza, les recordó que aquel sueño era posible. Ese hombre venía a nuestra casa con la intención de ayudarnos a alcanzar nuestro proyecto de familia. Y la consecuencia fue que vendió muchos libros.

Y tú ¿a qué te dedicas? A vender enciclopedias ¿o a materializar sueños?

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