Visionarios, héroes y masas para cambiar la economía.

Visionarios, héroes y masas para cambiar la economía.

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La semana pasada me quedé corto. Quería decir cosas y no pude. Por eso, las diré ahora. En la presentación de mi libro El Marketing de la Felicidad, estaba acompañado por ilustres expertos y hombres con valores, como Joan Antoni Mele, conferenciante y líder de banca ética, Enric Barbany, director general de Vegetalia, marca puntera en España de la alimentación ecológica y David Escamilla, escritor, periodista y experto de comunicación. Todos líderes de opinión, todos con un mensaje, todos con algo importante que decir a las más de cien personas que acudieron a la presentación del libro. Mi objetivo era el de animar a los expertos de marketing y a los empresarios a “tirarse a la piscina” de la economía basada en valores. Este es el momento del cambio. Ahora hay la oportunidad de contribuir a que la economía evolucione hacia un mayor humanismo y una prosperidad más equilibrada (la que genera felicidad) y mejor distribuida. Hay un mercado que busca marcas con valores y el empresario que haga bien las cosas, puede tener mucho éxito. Creo que logramos entre todos el objetivo. Pero, repito, yo me quedé corto: el tiempo se nos echó encima y no dije unas cosas que quería compartir con las personas que habían acudido a la presentación. Por la magia de los tiempos que vivimos, tengo a disposición mil maneras de comunicarme, lo cual me da la oportunidad de explicarme ahora, en un post de blog.

Quiero compartir cinco claves que considero importantes para la creación de negocios de felicidad. En ningún momento me planteo que sean las únicas, pero si creo que son importantes.

  • Entelequia.

Esta palabra la usaba ya Aristoteles para explicar que todos tenemos un propósito de vida. Tanto las personas como las organizaciones. Para entendernos, la entelequia de una semilla es la planta. El propósito más importante de la semilla es justamente hacerse planta. Y todo el camino de semilla a planta es entelequia también. A lo largo de ese camino, la semilla se transforma y se acerca siempre más a su ideal de ser planta. Es lo que deben hacer las empresas. Entender porqué han nacido, qué pueden aportar al mundo y cuál es su lugar en el gran ecosistema que es nuestro mundo. La entelequia de una empresa se debe ver reflejada en su visión y se debe escribir claramente, para que haya compromiso.

  • Responsabilidad.

Hoy en día se habla mucho de Responsabilidad Social Corporativa. En muchos casos se trata de una herramienta del peor marketing, para hacer que una empresa quede bien, mientras hace mal. Para que se entienda qué es la verdadera responsabilidad social de una empresa, te propongo leer The Responsible Company, el libro de Yvon Chouinard, fundador de Patagonia.

Hay otra responsabilidad que es propia de la empresa. La de crear felicidad tanto para sus empleados, como para todos sus stakeholders. Está claro que ninguna empresa tendrá nunca la posibilidad de hacer que una persona sea feliz, pero la contribución a esa felicidad si que es un deber de cada empresa.

  • Éxito.

Para ser sostenible una empresa debe tener éxito. Lo cual quiere decir que tiene que ser económicamente sostenible y generar rentas. Pero, como decía el gran santo indú Paramahansa Yogananda, el verdadero éxito se mide con la felicidad. En este sentido me parece genial que se haya abierto un debate sobre cómo se mide la performance de una empresa. En la cuenta de explotación de una empresa debe entrar también alguna medida de la felicidad que esta ha generado a lo largo del año.

  • Abundancia.

Todas las grandes tradiciones de sabiduría nos enseñan que la naturaleza del hombre es la de vivir en abundancia. Y las empresas deben contribuir a que eso pase. Pero cabe preguntarse qué es la abundancia. Inspirado por Ken Wilber yo propongo que hay tres dimensiones para que vivamos prósperos. La primera es la material, para que no nos falte nada, aunque no caigamos en delirios consumistas (que es algo patológico). La segunda es la emocional y tiene que ver con el bienestar personal, el cariño de nuestros seres queridos y la posibilidad de disfrutar de nuestra vida. La tercera es la espiritual. Esta última tiene que ver con nuestra capacidad de vivir acorde a nuestra entelequia, utilizando y disfrutando de nuestros talentos en el camino hacia la afirmación de nuestra identidad y de nuestra naturaleza.

  • Cambiar el mundo.

Ya es hora. Ya está claro que el mundo que hemos creado no es lo que necesitamos. Ya está claro que la manera más conservadora de vivir hoy es la de cambiarlo todo. Solo así podremos conservar lo que nos es más querido, la vida. Necesitamos visionarios, héroes y masas que se unan para cambiar el rumbo de la economía. Los jóvenes deben escuchar a Stéphane Hessel y se deben indignar. Lo deben cambiar todo! Pero hay tareas también para nosotros que tenemos más experiencia. Les debemos impulsar, debemos usar nuestros intelectos y la sabiduría que hemos acumulado para que todos juntos podamos quitar esa capa de inercia negativa a las cosas y empezar a creernos por fin que se puede ser felices.

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