La felicidad en 3D, una guía para tu marca

Las recientes elecciones administrativas lo han confirmado, por si hiciera falta: Nuestra sociedad está cambiando de forma radical. Sus valores, sus expectativas y sus intereses son muy diferentes de lo que mostraba el mapa de nuestra cultura hace tan solo 15 años. Barcelona y Madrid tienen alcaldes que se proponen como referentes del descontento social con un sistema que enriquece más a los ya ricos y empobrece más a los ya pobres, hundiendo además a la clase media en un limbo de mediocridad vital que es fuente de desánimo y depresión. La gente pide cambios y ese movimiento de protesta se hace más patente en las grandes ciudades.
Y la clase política cómo responde? Los partidos clásicos se comportan como un boxeador en dificultad, buscando el amparo de las cuerdas y abrazando al adversario para tomar tiempo, respirar y recuperar energías. Viven de pequeños acuerdos, alianzas tácticas y agresiones verbales, para salir adelante. No entienden que lo que les pide la ciudadanía es la elaboración de una visión que prometa un camino de felicidad para el mayor número posible de personas.

Si lo pensamos bien, nuestra generación, que tanto nos autocriticamos, está gestando algo extremadamente valioso, que la generación que nos sigue tendrá que llevar a cabo. Estamos poniendo en la mesa la idea de que lo que verdaderamente queremos no es ser ricos, sino ser felices. Hay quien dice que las dos cosas van de la mano. Son muy pocos los extremadamente pobres que admiten ser felices. Deberíamos superar el concepto de riqueza en términos sólo materiales y perseguir una idea de abundancia más extensa, que podemos llamar prosperidad. Para entender qué es esa prosperidad, cabe preguntarse qué quiere decir ser felices.

La felicidad que podemos alcanzar en nuestras ajetreadas vidas tiene tres aspectos clave. Así que podemos decir que buscamos una felicidad en 3D.

  • El primer aspecto es el material. Para ser felices, tenemos que haber resuelto nuestras necesidades materiales. Tenemos que sentir que no corremos riesgo de sufrir por falta de alimentos, medicamentos, ropa o de un lugar donde habitar. Para muchas personas, esto no es suficiente. Necesitan una sensación de abundancia. No hay nada malo en eso, en tanto nuestra actuación no haga daño a otras personas.
  • La segunda dimensión de la felicidad es puramente emocional. Todos buscamos sentirnos bien, en armonía con nosotros mismos y los demás. Buscamos el apoyo de la familia y el cariño de los amigos. Agradecemos de los momentos de serenidad y buscamos alegrías en todo lo que hacemos. Sin emociones positivas, la riqueza material no nos puede otorgar ninguna posibilidad de ser felices.
  • La tercera dimensión de la felicidad es la más importante y la más difícil de alcanzar, porque va en contra de nuestra intuición normal. Es la dimensión espiritual. Nos dice que para que individualmente seamos felices, debemos transcender a nuestra individualidad y reconocernos en algo que nos transciende. Quien haya participado alguna vez en una reunión donde se haya definido claramente una visión de crecimiento, lo sabe. Las personas en la reunión de repente afinan sus energías, una nueva atmósfera surge en el grupo y las ideas de cada uno se suman a las de los demás como en una sinfonía de inteligencias. Los individuos mantienen su singularidad, pero se funden en el todo que es el grupo. Una sensación de pertenencia se apodera de cada uno y los ánimos se elevan generando sensaciones de felicidad temporal. Algo similar pasa cuando nuestro equipo marca un gol y cuando en un concierto tocan nuestra canción preferida y la escuchamos emocionados juntos al resto del público.

Las marcas deben crear felicidad. Este es el objetivo principal de las empresas. Es un objetivo moral, que, perseguido con sabiduría, asegura también el éxito económico. Saber que la felicidad tiene tres caras, ayudará a los líderes de las empresas a generar estrategias que son más efectivas y a emplear sus recursos allí donde realmente se requieren. Los gerentes de empresas deben tener claro que su papel es el de generar prosperidad, no riqueza. Llegando a esta conclusión contribuirán a generar riqueza material, bienestar emocional y sentido de transcendencia tanto dentro de su empresa, como para sus stakeholders externos.

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