Transformación sólo si existe propósito

Es hora de que las empresas acepten un rol más comprometido con nuestra civilización. Es hora de que participen en la construcción de un mundo mejor. Es el momento de que las marcas ofrezcan ocasiones de transformación personal a todo su público.

En el controvertido libro The Experience Economy, Joseph Pine II  y James Gilmore analizan la naturaleza de lo que una empresa ofrece. En el nivel más básico existe un producto: sólo un bien sin ningún tipo de valor de marca asociado. En cambio, cuando los productos se asocian a una marca y a una especie de atributo único del producto, éstos se convierten en mercancías. La empresa puede disfrutar en este momento de una primera ventaja elemental, diferenciándose desde el primer anuncio de forma competitiva. Cuando la ventaja dada por una marca rudimentaria es neutralizada por los competidores, la empresa asociará servicios a la oferta de la marca.

Asimismo cuando los servicios sean ofrecidos por un número significativo de competidores, de modo que ya no sean un elemento diferenciador, nuestra empresa se ​​esforzará por ofrecer experiencias de marca que sean entretenidas y así ayudar a construir un mundo único en la mente del cliente. Las marcas más exitosas hoy en día se esfuerzan por ofrecer experiencias a su público. Vaya a cualquier salón del automóvil y tendrá una demostración práctica de los esfuerzos en el negocio automotriz.

Sin embargo, existe un nivel más allá de la experiencia, el cual Pine y Gilmore consideran ser la nueva frontera de la marca: la transformación. Una experiencia de marca tiene un impacto emocional temporal en una persona, dicen los autores. Las marcas por ello tienen que buscar una transformación duradera de sus clientes, de manera que la relación entre la persona y la marca no sea un asunto de corto plazo. Curiosamente Pine y Gilmore defienden que para ofrecer una experiencia, una marca necesita conocimiento, pero para ser transformadora necesita sabiduría. Hermosa palabra: sabiduría ¡Y qué compleja!

Hace unos días me pasé una mañana inspirándome con la lectura del Bhagavad Gita introducido por Eknath Easwaran. El Bhagavad Gita es un poema épico, parte de los Vedas, las escrituras sagradas de la tradición de la sabiduría milenaria de la India. Easwaran explica en el libro como según Ramakrishna, un renombrado santo indio, existen tres niveles de conocimiento: ajñana (que es la falta de conocimiento o ignorancia), jnana (que es el mero conocimiento de algo) y vijnana (que es un forma íntima de conocimiento o experiencia directa). «Aquel que sólo ha oído hablar de fuego  tiene ajñana. Aquel que ha visto el fuego tiene jnana. Pero el que realmente ha construido un fuego y cocinado en él tiene Vijnana » dice Ramakrishna. Por ello, en palabras suyas, una experiencia mística o la experiencia directa de Dios, da vijnana.

Menciono mis lecturas védicas porque vijnana es el fruto de una experiencia transformadora. Es posible gracias a que la experiencia mística ofrece a la persona una nueva manera de mirar el mundo y habitarlo. Esa transformación es posible porque la persona que logra vijnana da nuevos significados a las cosas de este mundo.

Este es el aprendizaje a realizar por las marcas. Una marca será capaz de ofrecer una experiencia de transformación si ofrece a su público la posibilidad de mirar el mundo con ojos nuevos e idear nuevos intenciones.

Para poder cumplir con un papel tan alto, las marcas primero tienen que trabajar intensamente en la comprensión de su misión y comprobar que su propuesta de es consecuencia de ella. Para que esto sea un ejercicio significativo, las marcas tienen que poner en práctica lo que Pine II y Gilmore llaman sabiduría. Las marcas que son capaces de crearse por sí mismas y con la sabiduría que va más allá de la competitividad un papel como constructoras eficaces y auténticas de un mundo mejor, son aquellas que pueden emprender con confianza experiencias  de transformación.

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